
Generaciones en el trabajo
‘A los 20, voluntad; a los 30, ingenio; a los 40, juicio’
‘A LA VEJEZ Y A LA JUVENTUD, ESPERA EL ATAÚD’, DICE un refrán; otro, que ‘el joven conoce las reglas, pero el viejo las excepciones’. Para ambos el destino es el mismo, y en la vida, podrían ser complementarios. Aún así, de siempre es el batallar entre generaciones.
Las brechas generacionales surgen en las empresas por la necesidad que tienen los jóvenes de experimentar, conocer y resolver los asuntos a través de su enfoque particular, el cual siempre se ve afectado por la resistencia al cambio de aquellos empleados o directivos que ya cuentan con la experiencia de haber pasado por esa ruta, habiendo llegado así a una (su) forma de hacer las cosas, probada y establecida en su entorno de trabajo. Ambas tendencias se enfrentan con mayor o menor fuerza.
El fenómeno puede aparecer entre homólogos o entre jefes y subordinados, y no es raro que surja el resentimiento de los mayores hacia los más jóvenes, provocado por las habilidades de éstos en el manejo del actual (‘nuevo’, para los viejos) lenguaje de los negocios, la gestión y la tecnología. La brecha generacional se hace visible cuando los directivos —que para el momento de la llegada de la ‘camada’ más reciente tienen, lógicamente, en su camino más experiencia que preparación académica— sienten celos por los jóvenes, llenos de energía, arrojo (que se confunde con iniciativa) y conocimientos avalados por una institución académica que presume actualización en sus planes de estudio.